¿Por dónde podría empezar? Ah, sí, por algo muy básico.

¿Puedo preguntar de qué me conoces?  Más que de cuatro conversaciones en un grupo de Facebook del que saliste corriendo, según tú porque los dueños tenían mucho ego.  Algo de lo que me acusas a mí. A ver, alma de cántaro, ¿tú me conoces de algo?  ¿Te has molestado en conocerme y averiguar si yo acepto críticas o si me gustaría tu opinión? Tendré que revisar mi carpeta de spam, porque jamás me ha llegado nada tuyo. Las personas que SÍ se han molestado en conocerme o han tenido el horrible atrevimiento de decirme mis fallos, se han encontrado el agradable y siempre bien recibido agradecimiento.  He rebatido cuando he creído que había que hacerlo y he recapacitado cuando el argumento era bueno y sólido.

Déjame continuar por algo tan básico como que yo no me escondo, aquí me tienes contestando a tus mensajes velados y de frente. Porque sí, suelo ser alguien que va de frente. Voy a contarte un poco cómo ha ido mi vida tanto vital como literaria, solo por el placer de contarlo.

Hace dos años y un día, como cantaran el dúo Pimpinela, decidí embarcarme en un proyecto editorial que ha estado succionándome la vida. No quería abrir la editorial con solo un libro, así que junto al magnífico Entre las cuerdas de Gaby Franz, decidí desempolvar algo que escribí en 2006. El dolor fue un relato semiautobiográfico, ampliando un poco el libro y pasándole una corrección, decente. Obviamente es un relato con muchas carencias. Por supuesto, no tenía antaño los conocimientos que tengo ahora. El 75% de lo que ocurre me ha pasado a mí en mi vida cuando de adolescente fui un chico maltratado y humillado hasta la extenuación, donde unos imbéciles llegaron a destrozar mi autoestima hasta tal punto que intenté suicidarme. Por supuesto, eso no habría llegado a tanto si mi familia me hubiera ayudado, cosa que no ocurrió, ya que, para mala suerte mía, mi madre también me pegaba en casa para desahogar sus frustraciones. Claro, de ahí mi intención de intentar enviar un mensaje de que puede ir a mejor. Me insultas, y bastante, cuando dices que mis personajes son nenazas. Perdona, cada autor crea sus personajes como le sale de la real gana. En este caso, dos personajes bastante jodidos, tú los llamas nenazas por un corto de 6000 palabras. ¿Acaso los gais más delicados o menos “machos” no existen? Quizá tú, como machote venezolano, no aceptes que los hombres gais pueden ser de cualquier forma…

Seguimos con algo de lo que te quejas mucho. Yo no necesito palmeros que me digan qué bien escribo si es mentira. Para mí, escribir es una parte más de mi vida. Mi trabajo me lo estoy currando yo, si la gente me sigue es porque tengo una actitud muchísimo más positiva que tú, con mejores cosas que hacer que vivir una vida amargada como la que parece que vives en tu Facebook.

Ahora bien, creo, y esto solo es una suposición, que todo tu odio visceral es porque una vez te dije que me estaba costando leer tu libro.  Y a día de hoy, sigue costándome. Tienes una narrativa muy densa y muy mal estructurada. Supongo que al ser tu primer libro es lo que tiene, y que a lo largo de los años has ido puliendo tu narrativa. ¿Ves?, yo sí te doy el beneficio de la duda, y ni siquiera he podido leerme más de seis capítulos de tu libro, por el cual yo sí pagué sin problemas porque sigo creyendo firmemente en los autores autopublicados y sobre todo los de homoerótica.

Por tu ego, porque no es otra cosa, todos los que te leen en tu Facebook saben cómo eres.  Has insultado a autoras como Nut, a la que después de que se te tirarán encima todas sus lectoras, la trataste como la diosa de la homoerótica…  Nut es maravillosa, una muy buena escritora, llevo dos años intentando cazarla para mi antología solidaria LGTBI, debido a que alabo su trabajo, pero de momento ha resultado sin éxito porque siempre está a tope (cosa de la cual me alegro profundamente). Pero también insultaste a una autora a la que no solo quiero, sino a la que le debo muchísimo más que a ti ni a nadie. Llamaste a sus personajes prostitutos por tener sexo sin complejos. ¿Qué clase de mojigato eres escribiendo erótica gay? Una autora con más de treinta libros a sus espaldas, y tú la tratas como la basura. ¡Más quisieras tú!

En tu muro de Facebook pones lo que te da la gana, pero llamarnos a los españoles “gallegos”, así con todo el morro, y luego me pones la excusa de que a los de tu país os llaman “indios”, ¿de qué clase de preescolar has salido tú?

Voy a terminar esta carta abierta con un pequeño consejo gratuito. La gente te juzgará por tus actos y te seguirá por lo que vales. Si solo críticas destructivamente siendo tóxico sin ser constructivo ni asertivo y mucho menos autocrítico, no esperes que los demás te hagamos la ola.  No necesito esta diatriba por tu parte. Puedes olvidarme y seguir con tu amargada vida, intentando ser feliz machacando a los demás. Ahora, si quieres, me sigues criticando en tu muro privado de odio y, como se suele decir en España y parafraseando a un compañero de profesión de estos días:

“A todo cerdo le llega su San Martín, y espero que el tuyo pese al menos 500kg”.

No espero que me contestes; es más, no quiero que lo hagas. No me mereces más caracteres que los que te he dedicado en esta carta abierta. Ahora sí, si quieres, puedes ponerme a parir en tu muro. Ya no me importa más, esta carta abierta está siendo mi Detox del día.

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