Estos días he estado pensando en cosas que se dan gratuitamente y sobre todo en cómo correspondemos por conseguirlo sin pagar. Hemos llegado a un punto en que todo lo gratis está ahí para ser cogido y nada más. No voy a hablar de derechos de autor, no es el tema al que me refiero.

Quiero hablar del respeto de los usuarios ante lo gratuito. Aunque habría que hablar exactamente de lo contrario: desprecio, insulto y lo que es peor, indiferencia. Es así como nos sentimos los autores que, cuando decidimos regalar algo, creamos historias, nos rebanamos los sesos para satisfacer a esas personas que leen tus libros, tus capítulos semanales o tus historias inconexas.

Poco a poco, te das cuenta de que hay una minoría que, si te respeta, te alienta con sus palabras y te apoya en el día a día. Pero es esa mayoría silenciosa, esa que no te deja un comentario o no le importa nada que te hayas pasado seis meses escribiendo un libro.

Porque aún no se han dado cuenta, que su comodidad de “le doy al botón descargar y me despreocupo”, hace que los autores se desalienten. No hay agradecimiento, no hay mención y mucho menos atención.

Pones un libro gratuito con toda la buena voluntad, esperando darte a conocer y que la gente comente tu historia. Esperando y deseando tener ese “feedback” que hará que tu historia mejore. Miras las estadísticas de descarga de tu libro y te llena de felicidad. Es increíble saber cuánta gente se va a leer tu historia, tu creación, tu bebé.

Pero es justo después de ese momento de euforia, cuando una semana después, quieres dejar tiempo a que la gente se lo lea, decides mirar cuantos comentarios te han dejado. Y ves uno, quizás dos, con suerte tres. Ves la cantidad de descargas, más de mil personas se han descargado tu creación. Quizás necesitan más tiempo, te dices a ti mismo esperanzado. Esperas una semana extra y viene el jarro de agua fría. ¡Diez comentarios! Los revisas y 5 de ellos no te sirven de nada porque simplemente dicen “gracias por la descarga”. Muy frustrado decides pasar a otro tipo de acción.

Decides crear un libro, en vez de todo de golpe, por capítulos en tu web. Subes el primer capítulo, al final del mismo, pones que necesitas comentarios para continuar y te pones a observar las estadísticas. Doscientas personas han pasado más de 4 minutos en la página, eso quiere decir que se han leído el capítulo. Vas a la cola de comentarios y ¡Sorpresa! Diez comentarios, tres de los cuales son solo para decirte gracias. Has conseguido dos comentarios más que regalando un libro entero. Tu felicidad se desmorona ante esta realidad. Pones más capítulos haciendo un experimento. Esta vez pides un número mínimo de comentarios para continuar la historia, ponemos 15 por ejemplo. Bien, pues tu sorpresa es mayúscula, has conseguido 15 comentarios, pero te das cuenta que cuando la gente ha visto los 15 comentarios completados ha dejado de comentar. Y tus visitas ahora son de 350. ¿Qué haces en ese momento? Pues la respuesta es fácil, dejas de regalar tu trabajo.

Lectores y lectoras. Gratis significa que no tendrás que pagar dinero por un producto. Pero sí que requiere de un pago muy especial, gratitud, amabilidad y reciprocidad. Los escritores no pedimos más que eso ¿tan difícil es para vosotros dar un agradecimiento, dar vuestra opinión o incluso una palmadita de ánimo? ¿Tan egoístas somos que solo buscamos el botón de descarga y nos olvidamos de que alguien se ha dejado horas y horas de su vida para nuestra gratuita satisfacción?

Por supuesto este mensaje no va por quien sí deja mensajes, quien sí contesta y quien sí da ánimos. Sino para toda aquella mayoría silenciosa —que está muy de moda últimamente— que es desagradecida. Esa mayoría que hace que a uno se le quiten las ganas de hacer cosas gratis para los demás.

Y esto amigos, me llevó a tomar una decisión muy importante. Y es que voy a dejar de regalar mi tiempo de manera masiva.

Voy a trabajar para la gente que me ha apoyado desde un principio y capítulo a capítulo, saga a saga, que ha sido fiel a mis obras. Pero a los demás, aunque pierda lectores, que en su vida van a comprar un libro, si quieren leerme, tendrán que hacerlo comprando si lo desean. Yo decidiré quien recibe gratuitamente mis libros. ¿Arbitrario? Por supuesto. ¿Egoísta? Absolutamente. ¿Pero acaso no es cómo los usuarios silenciosos nos pagan a los autores, con egoísmo?

Aquí tenéis vuestra recompensa. Y a los demás, agradecedles a ellos y solo a ellos que los autores que damos las cosas gratis lleguemos a esa conclusión.

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