José se había quedado en la oficina hasta tarde. El cabrón de su jefe le había puesto tanto trabajo que ni en diez días trabajando las veinticuatro horas. Se levantó para ir a buscar un café mientras miraba desde lo alto del edificio el mar. Podía ver el casino desde la ventana y la ciudad de Barcelona brillando en la noche.

Mientras el café se hacía José estaba leyendo el informe que tenía que revisar para mañana. No podía esperar demasiado tiempo ya que por la mañana tenía una reunión a primera hora con lo que su tiempo de sueño se estaba acortando. Fue a su escritorio y recogió su maletín. Cerró el ordenador y se dirigió al ascensor. Pulsó en el botón y se quedó esperando mientras revisaba su correo en la BlackBerry. El sonido de ascensor sonó y José alzó la vista para entrar cuando se quedó petrificado al ver al sexo en forma de hombre que había en su interior. El otro hombre se lo quedó mirando sonriendo y levantando una ceja dijo

-¿Bajas?-  su voz era masculina, con esa tonalidad grave que hace que tus rodillas flojeen y tu boca se amorre a la cremallera de sus pantalones.

-Sí, gracias. La visión de Miguel en su traje era digna de una película porno. Era el ejecutivo de grandes cuentas más joven de la historia de la empresa y estaba de infarto. Su tez morena hacia juego con su rostro de chico malo. Su pelo moreno cortado de manera aleatoria pero corto y su ajustada camisa que marcaba ese torso perfecto.

José entró en el ascensor y se mojó los labios con la lengua mirando al espejo en vez de al adonis que tenía al lado.

-José, me gustaría pedirte un favor.- dijo Miguel con naturalidad

-Depende de lo que pidas… mi cuerpo no está disponible.- no sé porque dije eso y me arrepentí en el momento que salió por mi boca.

No miró a Miguel por vergüenza, mirando al suelo con la cara completamente roja.

-Lo tendré muy en cuenta José, pero te iba a pedir si podías acercarme a casa en coche. Porque el mío se estropeó y no quiero coger un taxi. Llegar a Sant Cugat en taxi saldría demasiado caro.-

Solo de pensar de estar en el coche con Miguel de trayecto a Sant Cugat casi le da un infarto.

-Claro no hay problema. Tienes suerte que viva en Rubí y pueda acercarte.- casi balbuceaba, pero no pensaba quedar más en ridículo.

-Gracias, seguro que encuentro algo para compensarte- dijo él con su mejor sonrisa.

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